martes, 6 de septiembre de 2011

La Juntada Teologica

 La JUNTADA TEOLÓGICA nació a fines del 2008. Fruto, como todos los encuentros trascendentes, de la aparente coincidencia de un par de factores inusuales: la búsqueda frenética de un Dios que signifique algo para nosotros, hoy y desde acá; el ejemplo de Jesús como modelo de conducta pero también como desestabilizador de paradigmas; el deseo de sondear en la Palabra desde los ojos del discipulado humilde y también el estudio esforzado; la obligación (y el derecho) de responder a la verborragia del mundo en crisis con toda la honestidad que nos entre en las costillas

Quisimos que fuera JUNTADA porque así entendemos la iglesia: como comunión y comunidad, como ekklesía que sólo en el contacto se hace Cuerpo, que sólo en la diversidad encuentra la unidad y sólo en la presencia de preguntas chocantes puede encontrar ciertas respuesta. La JUNTADA es un espacio de diálogo ecuménico para aprender los unos de los otros, respetarnos, acercarnos desde nuestras experiencias, limitaciones y fortalezas al seguimiento del Maestro.

Quisimos que fuera TEOLÓGICA porque nos interesa arrimarnos a la Biblia con una actitud honesta y autocrítica. La humildad nos abre el corazón para aceptar la gracia; la adoración nos mantiene las manos abiertas. Creemos que también es fundamental abrir los ojos: para conocer de la mejor manera posible al Dios que nos presenta en verdad la Biblia; para no caer en la tentación de crear un dios a nuestra imagen y semejanza; para que el amor pueda nutrirse del conocimiento y viceversa.

Quisimos darle tiempo y lugar. Por eso pensamos en nuestras debilidades que son fortalezas: la sangre ágil de los jóvenes (en edad, en espíritu), la tierra en la que nacimos (y nos movemos, y somos).

La JUNTADA TEOLÓGICA ha sido el espacio de tres encuentros. El primero de ellos fue en el año 2008 y se llamó “Teología y discipulado desde América Latina”. El segundo, de 2009, fue “Jesús sí, ¿la iglesia no?”. En el 2010 el título que nos unió fue “Al Dios desconocido”. Este año 2011 va a estar centrado en la persecución del Reino que vino a anunciar Jesús; hemos querido llamarlo “Buscando el Reino de Dios”.
Lucas Magnin
Pienso y Creo



Invitaciones anteriores:
2008




2009




2010


domingo, 14 de agosto de 2011


Un esquemita de lo visto el Sábado 13/08
Enjoy!

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Muchas veces el cristianismo se plantea de esta manera:
(Culpa) Corazón à Cambio en la Interacción à Cambio Social

Repensarlo.
1.     La interacción cambia antes que el corazón. Lucas 15
2.     (99 +1)                       Lo evidente
Lo que se esconde

Juan 6.41
Problemas para definir. Resultado: REDONDEO



Juan 7.24
Lucas 14.7 -11
Lucas 20.24-25
Lucas 18.24-30
Lucas 19.40

             Propuestas concretas




Preguntas que se hacen sobre el Reino
¿Quién? ¿Jesús? Lucas 14.25-33
¿Cómo? Despojarse
 ¿Quiénes? ¿Nosotros?

Lucas 17.20-37
Lucas 22.24 -30

Necesito  identificar mi amarra y desamarrarme. Jesús viene a mi encuentro primero.
Propuesta: el reino es servir, sentarse en el último lugar, servir a los que se sientan a la mesa.

Cambio de interacción (servicio) à Cambio de Corazón (mío/de los demás) à cambio social

miércoles, 27 de julio de 2011

Algunas ideas para pensar el Reino desde los Evangelios.

  •        Un poquitín de Historia - ¿Cómo entendían los contemporáneos de Jesús su predicación del reino?

El pueblo lo sentía como su “Libertador”, su pastor y su padre pues había experimentado el amor protector y sus cuidados. Al comienzo no le llamaban “Rey”. Pero, cuando se estableció la monarquía e Israel tuvo, como otros pueblos, su propio rey, se sintió la necesidad de recordar que el único rey de Israel era Dios. Por tanto, el rey que gobernara a su pueblo solo podía hacerlo en su nombre y obedeciendo su voluntad.
Los reyes no respondieron a las esperanzas puestas en ellos. Dios había liberado a Israel de la esclavitud de Egipto para crear un pueblo libre de toda opresión y esclavitud. Les había regalado aquella tierra para que la compartieran como hermanos. Israel sería diferente a otros pueblos: no habría esclavos entre ellos; no se abusaría de los huérfanos ni de las viudas; se tendría compasión por los extranjeros. Sin embargo, y a pesar de la denuncia de los profetas, el favoritismo de los reyes hacia los poderosos, la explotación de los pobres a manos de los ricos y los abusos e injusticias de todo género llevaron a Israel al desastre. El resultado fue el destierro a Babilonia. (…)
Un profeta del siglo VI a.c.: el mensaje lleno de fuerza y belleza de este profeta que gritaba así al final del destierro: “que hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la Paz, que trae buenas noticias, que anuncia salvación, que dice a Sion: “Ya reina tu Dios” (Isaías 52,7)[1]

Existe un grupo de Salmos sobre esta esperanza: (93 – 99)
Lectura: Sal. 93.1-2
                 Sal. 96.9-13
                 Sal. 97.1-2
                 Sal. 99.1-2

·         Jesús toma esas metáforas de la cultura y a vuelve llave de su mensaje.

El reino de Dios no era una especulación de Jesús, sino un símbolo bien conocido, que recogía las aspiraciones y expectativas más hondas de Israel. Una esperanza que Jesús encontró en el corazón de su pueblo y que supo recrear desde su propia experiencia de Dios, dándole un horizonte nuevo y sorprendente. No era el único símbolo ni siquiera el más central de Israel, pero había adquirido gran fuerza para cuando Jesús empezó a utilizarlo. Sin embargo, la expresión literal “reino de Dios” era creciente y de uso poco frecuente. La expresión “reino de Dios” apenas aparecen en el Antiguo Testamento. De ordinario se dice que Dios es “rey” (mélek) o que Dios “reina” (malak). Los evangelios señalan que Jesús emplea la expresión “reino de Dios” (basileia tou theou). Es la traducción de la forma aramea que Jesús utilizo:” malkutá di ‘elahá”. Fue Jesús quien decidió usarla de forma regular y constante. No encontró otra expresión mejor para comunicar aquello en lo que él creía.

·         Una idea interesante para incorporar: el tema central de su predicación es el reino Lectura: Lucas 4.43

Aunque pueda sorprender a más de uno, Jesús solo hablo del “reino de Dios”, no de la “iglesia”. El reino de Dios aparece 120 veces en los evangelios sinópticos; la iglesia solo dos veces (mateo 16.18 y 18.17), y obviamente no es un término empleado por Jesús.

  •        ¿Qué cosas se dicen de este Reino?

1.       Los sinópticos se abren con una idea: se ha acercado – Lectura: Mateo 4.17
2.       Es la realidad de la esperanza de Israel, la continuación de la historia sagrada.
Pero Israel por su infidelidad, pierde su lugar de centralidad. Lectura: Mateo 8.10-12
Pablo desarrolla más esa idea: Romanos 11. 11-20
3.       Además de haberse acercado, el reino está entre nosotros. Lectura: Lucas 17.20
Estar atento a la presencia del reino en las flores del campo, en la actividad del sembrador, en la mujer que pierde una moneda.
El Reino es como un fuego: “Quien está cerca de mí, está cerca del fuego. Quien está lejos de mí, está lejos del reino” (Evang. Apócrifo de Tomas)
4.       Pero sin embargo, aunque es “Ahora” también es “Todavía no”.
La Pascua como símbolo, pre-esencia, anticipación y anuncio. Lectura:  Lucas 22.15-17
5.       Es el reino de Paz pero aun sufre Violencia: Mateo 11.11-15
6.       El Reino y el Imperio.

La misma expresión “reino de Dios”, elegida por Jesús como símbolo central de todo su mensaje y actuación, no deja de ser un término político. (…) Los evangelios  traducen invariablemente el termino “reino” empleado por Jesús con la palabra Basilea, que es los años 30 solo se utilizaba para hablar del “imperio” de Roma.

Encuentro de Jesús con Pilato: Juan 18.33 – 37

7.       El Reino del revés: Jesús dice constantemente “oyeron lo que dicen… pero yo digo…”
El reino funciona con otro paradigma. De esta idea san Agustín tomaría para construir dos ciudades sin posibilidades intermedias. El primero es el último, el mayor es el pequeño, el que muere vive, el que pierde gana.
Un ejemplo: Servicio. Leer Lucas 22.24-30
8.       Implica nacer de nuevo. Juan 3.1-8

·         ¿Cómo se habla de este reino?
1.       Aunque es un tema central, no se aborda directamente. Reducirlo lo anularía.
2.       Se habla poéticamente del reino, con recursos literarios: Parábolas, metáforas, alusiones, paradojas, alegorías, etc.
3.       Marcos 4.30 “¿A que lo compararemos?” Es como un  intento de Jesús de poner en palabras algo que para él es evidente.
4.       Esta forma alusiva y no más directa debe haber sido conflictiva, ya que aparece una explicación en cada uno de los evangelios. - ¿Qué dice?
a.       El Reino es un misterio y tenemos el honor de presenciarlo. Mateo 13.10-17
b.      Jesús habla conforme a lo que podían oír. Por ese motivo, el Reino excede a las capacidades o definiciones de cualquiera que no sea Jesús mismo.
Marcos 11.33-34
c.       A los discípulos se les habla claramente. Juan 16.25-30

·         ¿Quiénes son  los depositarios del Reino?
1.       Todos, pero no todos por igual.

Jesús no excluye a nadie. A todos anuncia la buena noticia de Dios, pero esta noticia no puede ser escuchada de la misma manera. Todos pueden entrar en su reino, pero no todos de la misma manera.

2.       En las Bienaventuranzas: El Reino es “de los pobres” y “de los que padecen persecución”. Leer Mateo 5.3-11
3.       Excluyente: el que recibe el Reino como un niño. Marcos 10.15
4.       La “manda pequeña” Lucas 12.32


[1] PAGOLA, Jose Antonio. “Profeta del Reino”

Publicacion en el Blog de X. Pikaza

Los reinos de Dios: Modernismo, capitalismo, socialismo, iglesia (L.Biolatto)


Ayer he presentado una reflexión de Leonardo Biolatto (Argentina) sobre las parábolas de Jesús en Mt 13, 44-52. Hoy quiero completar el tema con su trabajo sobre Los Reinos de Dios.Leonardo me ha escrito:
«Querido Xabier: Te escribo porque con un grupo de buenos amigos y hermanos (hemos decidido que el grupo se llame “Pienso y Creo”), empecinados en estudiar la Biblia, ha surgido el tema del Reino de Dios y estamos a vueltas con ello. Tratamos de acercarnos desde distintas perspectivas. Te adjunto una reflexión mía, muy breve y poco académica, sobre las historizaciones del Reino. Si te parece que el tópico del Reino puede ocupar algunas páginas de tu blog, a nosotros nos sería de gran ayuda leerte, para tener una nueva perspectiva. Un abrazo grande y gracias, como siempre».
(cf.http://blogsdelagente.com/palabrademision/
Gracias, Leonardo, por la confianza y buen trabajo sobre el Reino de Dios y los Reinos del mundo. Seguiremos pensando juntos sobre el tema.
Hoy presento tu trabajo, precedido por una introducción mía, situando el tema en el contexto de Jesús. Después viene lo tuyo. Otro día presentaré yo también mi reflexión sobre algunos matices del Reino en el mensaje de Jesús.
Va como imagen primera una corona real con la Cruz de Jesús sobre la bola del mundo. El rey aparece así como imagen de Cristo, en signo de gloria, con la cruz elevada y firme, mientras rueda el orbe: "Stat crux dum volvitur orbis". He añadido después una caricatura sobre el capitalismo y una foto famosa sobre el socialismo, formas "nuevas" de entender el Reino.
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lunes, 4 de julio de 2011

Los Reinos de Dios (Leonardo Biolatto)

En esta primera publicación subimos un texto de nuestro hermano, ahora lejano, Leonardo Biolatto ("Latto" para los amigos). Un texto que nos abrió algunos interrogantes y nos sirve de disparador para algunas charlas siguientes. Que lo disfruten.


Los Reinos de Dios
Leonardo Biolatto

Cuando Jesús muere, resucita y asciende, la Iglesia se encuentra ante la gran problemática de llevar adelante, en lo concreto de la historia, el Reino de Dios que anunció Jesús. Ese fue el tema central de su predicación antes de la Pascua: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc. 1, 15). Jesús contaba parábolas sobre el Reino, comía según el Reino (con publicanos y pecadores), ejercía la praxis liberadora del Reino (sanciones, curaciones, exorcismos), se enfrentó a Roma (el Imperio) con la proclamación del Reino de Dios, y finalmente murió crucificado por ello. El Reino, su concepto y su puesta en práctica, guiaron los pasos de Jesús. Lucas, yendo un poco más lejos, comienza Hechos de los Apóstoles narrando cómo el Resucitado, durante cuarenta días, se les aparece a los discípulos para hablarles del Reino de Dios (cf. Hch. 1, 3). Con este movimiento literario, Lucas logra conectar la vida y misión de Jesús a la vida y misión de la Iglesia. Es el Reino lo que debe perdurar, lo que debe seguir proclamándose, lo que debe seguir concretándose. Hoy nos resulta difícil afirmar eso, porque suponemos que el objetivo de la misión de la Iglesia es Jesús mismo, su persona, no precisamente lo que Él dijo. Y en parte es cierto, pero no absolutamente.
La práctica actual de predicar a Jesús en lugar del Reino tiene su germen más probable en Pablo. La expresión Reino de Dios en los escritos paulinos puede rastrearse unas seis veces (cf. Rm. 14, 17; 1Cor. 4, 20; 1Cor. 6, 9-10; 1Cor. 15, 50; Gal. 5, 21). Es muy poco en relación a la extensión de las siete cartas que consideramos de autoría de Pablo (Romanos, las dos Corintios, Gálatas, Filipenses, Filemón, la primera a Tesalónica). Esto sucede porque el apóstol predica un Cristo crucificado (cf. 1Cor. 1, 23): ese es el centro de su anuncio. No porque Pablo no crea que el Reino es importante, sino más bien porque ha identificado al Reino con Jesús, al anuncio con el anunciante. Para Pablo, Jesús es el Reino. La misma línea sigue el Evangelio según Juan, que sólo habla del Reino de Dios en el diálogo de Jesús con Nicodemo (cf. Jn. 3, 3.5), aunque dedica largos discursos a la persona de Jesús. Es el mismo razonamiento. El encuentro con Jesús debería dar por asumido su mensaje. El problema es que, con el tiempo, la Iglesia se focalizó demasiado en la persona sin el mensaje. El desarrollo de la cristología hizo que a Jesús se lo entendiera sin su contexto: sin Palestina, sin su época, sin sus relaciones, sin sus palabras. El Reino de Dios quedó relegado y hasta olvidado. Sin embargo, a pesar del olvido evidente en los textos y en las cátedras, los seres humanos hemos intentado constantemente hacer concreto el Reino de Dios, aunque lo llamemos de otras maneras.
La historización (si se me permite el término) del Reino es necesaria. No se trata del intento vano de hacer concreto un abstractismo. No se trata de la falsa ilusión de cristianos. No se trata de una negación del carácter escatológico del Reino. Fue Jesús quien, antes que nosotros, concretó el Reino que predicaba con palabras. La praxis del Maestro es, justamente, su historización del Reino de Dios. El perdón al paralítico, por ejemplo, o la comida en la casa de Betania, o su largo caminar itinerante desde Galilea a Judea, o la expulsión de los vendedores y cambistas del Templo, o el exorcismo del endemoniado de Gerasa, o el llamado de discípulos, o el envío de los mismos. Toda su praxis es la puesta en historia del Reino que sus labios proclaman. Porque el Reino es un proyecto para el presente, una propuesta para hoy. El Reino es mayor que la historia, la supera, la plenifica, pero no es ajeno a la historia. Superior, pero no separado. En la historia se hace evidente el Reino y afecta la vida del ser humano, sino es una entelequia, una ficción. El proceso por el cual Pablo asocia la figura del Reino con la persona de Jesús es un proceso de historización. El encuentro con el Cristo es la manera concreta por la cual el Reino entra en la historia. La Iglesia siempre ha buscado maneras de congeniar la superioridad del Reino de Dios con el desarrollo de la historia. Aún sin mencionar el Reino en los libros de teología, lo ha interpretado. Porque, al fin y al cabo, la historización parte de una interpretación. El presidente venezolano Hugo Chávez interpreta que el capitalismo es Judas y que el socialismo es el Reino de Dios, según algunas de sus declaraciones. Y Michael Novak, cuando escribió el libro El espíritu del capitalismo democrático, de alguna manera asume que la concreción del Reino de Dios es el sistema capitalista, sobre todo en el capítulo llamado Teología del capitalismo democrático. Claramente, y hasta saliendo del ámbito meramente eclesial, encontramos que las interpretaciones sobre el Reino pueden ser opuestas y contradictorias. Un presidente de un país latinoamericano lo iguala al socialismo y, por ende, intenta construir las bases de su nación desde el Reino socialista. Un autor fuertemente vinculado al catolicismo construye una teología para el capitalismo y ofrece las bases para que el Reino se instaure en el mundo siguiendo el modelo del capital.
Las interpretaciones sobre el Reino son muchas. Mal que nos pese, hasta las más retorcidas pueden hacerse historia en distintas épocas y en distintos lugares. Este artículo intenta reflexionar sobre cuatro historizaciones del Reino que partieron de cuatro interpretaciones sobre aquello que sería el proyecto mundial de plenitud. Para algunos, ese proyecto es el modernismo entendido como el progreso de la intelectualidad y de la ciencia. Para otros es el socialismo, como ya mencionamos, pero también el capitalismo para algunos. Finalmente, y desde siempre, ha estado el proyecto eclesial, que coquetea con los otros (con el socialismo, con el capitalismo y con el modernismo), pero trata de mantenerse fiel a sus principios dogmáticos. Vamos a tratar de esbozar un acercamiento a estas cuatro historizaciones para compararlas con el proyecto del Reino de Jesús que retratan los Evangelios:

a) El Reino modernista: el modernismo deposita su confianza en los intelectuales y en los científicos. Ambos grupos aportan la técnica para el progreso, y el progreso determinaría, sin dudas, la entrada al paraíso terrenal del bienestar. La modernidad cree, firmemente, que el ser humano es el centro y el motor de la plenitud de la historia, y que Dios es prescindible. Paradójicamente, el Reino del modernismo es el Reino sin Dios. La Iglesia se ha tentado de modernismo en algunas oportunidades, y lo ha proclamado la verdad para el mundo otras tantas. Cuando la intelectualidad intenta tomar el comando de la comunidad eclesial, entonces se vislumbra una visión modernista del Reino de Dios. Que dirijan los que saben, los que estudian, los que se preparan en academias. Es una Iglesia exclusiva de teólogos, y las naciones del Tercer Mundo tienen que someterse a los dictados de aquellos que han estudiado en el Primer Mundo. Sin embargo, a Jesús se lo oyó decir: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños” (Mt. 11, 25). Estas cosas son las cosas del Reino. La revelación se dirige, principalmente, a los pequeños, o como bien puede traducirse más literalmente del griego, a los sin voz. Aquellos que no dictan clases magistrales ni publican trabajos científicos son los que conocen en profundidad el Reino. La intelectualidad (teología para la Iglesia) y la ciencia (el estudio más exegético, si se quiere) son necesarias, y el Reino no es opuesto a ellas, pero por sí solas no son capaces de reflejar la esencia de la prédica y praxis de Jesús. El paraíso no se alcanzará cuando hayamos conocido todo lo que se puede conocer ni cuando hayamos descubierto todo lo que se puede descubrir. El Reino de Dios no puede conocerse con experimentos ni con decenas de libros, sino en la vida compartida con los pequeños, depositarios del misterio.

b) El Reino socialista: el socialismo proclama una igualdad que, a primera vista, podría ser compatible con el Reino del que habla Jesús, pero cuando profundizamos nos damos cuenta que nadie tiene nada porque el Estado lo tiene todo. Y el Estado tiene una dirección representada en una persona o un grupo de personas. Entonces, ese igualitarismo inicial se desvanece, porque el Estado se erige como el dios del sistema. El Estado es más importante que lo trascendente, y el paraíso se alcanzará mediante el poder absoluto del Estado. La vía más fácil se concreción es someter la libertad personal a la libertad que disponga el Estado. Lamentablemente, en la práctica, el Estado no representa a todos, y por eso se abre una brecha entre la propuesta socialista y la propuesta del Reino. En el Reino, el poder es de Dios y se ejerce en la práctica comunitariamente. No hay Estado, sino comunidad. Algunas corrientes eclesiales confiaron en el socialismo como lo más cercano al Reino, pero hay que tener en cuenta la diferencia entre comunismo y comunitarismo. El primero, representante del socialismo, deposita los bienes en común para que los administre un poder superior estatal. El segundo deposita los bienes en común para que la misma comunidad los administre y lo haga según el Espíritu de Dios, dando “a cada uno según sus necesidades” (Hch. 4, 32). La comunidad del Reino no da a todos lo mismo, sino a cada uno lo que necesita. Esa diferencia es sustancial. El socialismo es una propuesta loable, un intento teórico y práctico reconocible, pero no es, así sin más, el Reino de Dios.

c) El Reino capitalista: el capitalismo se resume en un esquema donde un grupo de seres humanos, poseedores del capital, generan industrias y empresas que tienen por empleados a otros seres humanos. Mientras los dueños del capital incrementan sus ganancias, en relación, los empleados no las incrementan de la misma manera. Esto alarga la brecha mundial entre ricos y pobres. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. A la larga, la existencia de pobres es una necesidad del sistema capitalista. Si dejasen de existir los pobres, el sistema caería sobre su propio peso, porque los pobres desempleados son los que estimulan la oferta y la demanda de empleo. Los sueldos pueden ser bajos porque hay muchos desesperados por el mismo puesto laboral, y capaces de aceptar miserias a cambio de una remuneración pequeña, humillante. En el sistema capitalista, además, hay libre mercado, y la salud se paga tanto como la educación. La moneda, el dinero, vale más que cualquier otra cosa. Más que Dios. Sin embargo, Jesús fue tajante con esta cuestión: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero” (Mt. 6, 24). El Reino de Dios no puede valerse del capital, porque el capital genera amos y esclavos, genera dependientes, genera pobres. Todo eso es contrario al Reino. La Iglesia, en general, ha validado el sistema capitalista de manera solapada. Nadie lo dice, pero todos admiten que es el sistema coherente para nuestra época. A pesar de convertir la vida humano en valor de cambio. El Reino (de Dios) no puede competir con el dinero, no tiene sentido. Es Dios quien dignifica las vidas, quien por ser Padre nos hace a todos hermanos, quien escucha el clamor del pobre. Ese Dios de Jesús no puede convivir con un sistema de opresión y de compra-venta. Al contrario, el Reino es gratuidad, es gracia, es regalo. Jesús no cobra por el Reino. Quizás, la siguiente frase del Maestro sea una de las más lapidantes para el sistema capitalista: “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mt. 10, 8).

d) El Reino eclesial: la Iglesia está tentada siempre de igualar el Reino de Dios a su institucionalidad. Pero eso es una reflexión eclesiológica posterior, no un mensaje de Jesús. Ya es célebremente conocida la expresión de Alfred Loisy: “Jesús predicó el Reino y vino la Iglesia” (expresión condenada por Pío X en documentos oficiales católicos). A pesar de su vejez, la frase sigue siendo válida. No es posible identificar, así sin más, el Reino con la Iglesia. La Iglesia es depositaria de las promesas del Reino, es signo y sacramento del Reino, es comunidad del Reino, pero no lo abarca por completo. La también célebremente conocida parábola sobre el juicio final del capítulo 25 de Mateo, cuando el Hijo del Hombre se sienta en su trono glorioso para juzgar a las naciones (cf. Mt. 25, 31ss), revela que los parámetros del juicio son actos desprendidos de la Iglesia, o sea, que no la suponen necesariamente. Son actos humanos: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar alojamiento al forastero, vestir al desnudo y visitar al preso. Todos aquellos que vivan según esta humanidad, están haciendo concreto el Reino en la historia, aún sin pertenecer visiblemente o por adopción, a la Iglesia. Si el Reino de Dios es la Iglesia, entonces deberíamos replantearnos las jerarquías de nuestra institución, y nuestra visión sectaria que separa entre buenos y malos (como antes eran los puros e impuros). La Iglesia no puede ser el Reino porque no lo agota en ella, no supone toda la diversidad del Reino. La maravilla del Reino de Dios que predicó y vivió Jesús es, justamente, su ampliación hasta límites insospechados, y su visión humana. En una época donde los reinos (imperios) eran estructuras de poder que cobraban impuestos y que respondían a déspotas, Jesús revela que el Reino de Dios es una comunidad de servicio, donde prima la gratuidad y se responde al Padre amoroso. ¿Será así nuestra Iglesia que se adjudica el título del Reino de Dios?

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Pienso y Creo es un grupito de lo más colorido y anfibio que ya ha soportado 5 vueltas completas al sol, y que por la gracia de Dios sigue dándonos ánimo para seguir a Cristo, amar su iglesia y estar en el tiempo.